BRABANT

En el marco del proyecto F.G.L. Flamenco García Lorca de la Fundación Federico García Lorca, que propone replantear el flamenco desde un campo de ideas estéticas asociado a Federico García Lorca, se invitó a Proyecto Lorca y Enrique del Castillo, dentro de la sección Trovos: Un espacio de colaboración entre artistas que operan en intersección, en tangencia, en fricción.
Este encuentro no parte de la afinidad, sino del contraste entre sus trayectorias, métodos y lenguajes. Es en ese punto donde se abre la posibilidad de diálogo
Enrique del Castillo con su umbráfono, mecánica y acústica, usando luz como soporte, sin metáforas, literalmente. Y Proyecto Lorca, desde su propio nombre, desde los vientos y percusiones, aire y tierra, poéticamente haciendo hablar la tierra, el paisaje. Ambos han colaborado con artistas flamencos, incluso han ayudado a crear un campo nuevo para el flamenco que escapa de la instrumentación tradicional. Juan Jiménez y Antonio Moreno, Proyecto Lorca, y Enrique del Castillo conversan generando densos espacios de experimentación sonora con una clara alusión al «archivo de la memoria» de Federico García Lorca, a lo que eso significa también materialmente, teniendo a su alcance los papeles, las imágenes, lo Lorca. Entonces, hacer sonar esa reiteración F.G.L., como un nombre, como una máquina, como un campo al que no pueden ponérsele puertas.
Una propuesta que arraiga. Un ejercicio sonoro de recreación del mundo, de la naturaleza. Se pone el foco en la relación del poeta con su entorno más primario y esencial, la convivencia sonora con su paisaje de la Vega de Granada: Las emociones de la infancia y su sentido agrícola, la tierra desde las raíces más ancestrales (rituales, estacionalidad o economía rural). Hacer sonar la tierra, darle forma al país, al paisaje. En palabras del propio artista: «Amo la tierra. Me siento ligado a ella en todas mis emociones. Mis más lejanos recuerdos de niño tienen sabor de tierra [...] Toda mi infancia es pueblo. Pastores, campos, cielo, soledad. Sencillez en suma.»
Brabant, es cómo Proyecto Lorca y Enrique del Castillo han titulado este paisaje. Es el nombre de un arado moderno, que, a principios del siglo XX revolucionó el campo desterronando la corteza terrestre. Brabant homenajea con su nombre al caballo belga Brabante, caballo de tiro con la fuerza necesaria para arrastrar esta bestia de metal que arañaba la tierra a profundidades de la región que su nombre indica Brabante, el famoso jamelgo Trekpaard flamenco.
No es casualidad que estos tres músicos vengan de colaciones rurales, que vengan del campo. Lo que suena en Brabant tiene esa belleza y ese esfuerzo del amanecer en la campiña, del anochecer en los olivares. En Brabant se cuelan las voces de los jornaleros, cantando de vuelta a casa para espantar la fatiga y la explotación a la que los somete la tierra. En Brabant no hay anacronismo alguno, todo es pulsión anacronista, o sea, la capacidad de habitar dos tiempos a la vez. En Brabant, la lucha de clases se emparenta con saber hacer productiva una tierra, con el arado, con la semilla. Silverio Lanza nos recordaba que el grano de trigo, para que germine, tiene que ser destruido primero, rota su cáscara, aplastada su coraza.
Eso es Brabant, un paisaje rural inédito, el campo visto por quienes lo trabajan.
Pedro G. Romero


Fichas técnica y artística
Idea original y Música
Proyecto Lorca & Enrique del Castillo
Sonido
Pedro León
Producción
Chema Blanco & María Velasco para BNV Producciones
Elenco
Juan Jiménez - Saxos
Antonio Moreno - Percusiones
Enrique del Castillo - Umbráfono